
por Manuel Acuña Asenjo
PRELIMINAR
Como lo señalamos hace algún tiempo atrás en uno de nuestros trabajos, el análisis de los fenómenos sociales no puede hacerse sin la ayuda ―valiosa, por cierto― de un instrumental teórico construido a tal efecto. Y esa función la cumple con creces el modo de producción. No por otro motivo constituye uno de los más valiosos aportes hechos al estudio de las sociedades humanas. Desnuda el funcionamiento de las mismas, el comportamiento de sus habitantes entre sí, e invita a elaborar perspectivas acerca del futuro de tales agrupaciones.
La naturaleza del modo de producción es intelectual; el modo de producción no tiene existencia real, es un constructo teórico que en esencia busca desnudar el esqueleto organizativo de la sociedad. Pero ello no nos debe sorprender; es normal que así ocurra en determinadas disciplinas. Como su propio creador nos lo indica: “En el análisis de las formas económicas de nada sirven el microscopio ni los reactivos químicos. El único medio de que disponemos, en este terreno, es la capacidad de abstracción”.
Este constructo teórico contribuye eficazmente a entender la razón última de los conflictos sociales y, en cierta manera, la forma de resolverlos. Y es que, como se ha dicho: contiene en sí la estructura íntima que presenta la sociedad y por eso se manifiesta como su reproducción in situ. Por consiguiente, conocer la estructura interna del modo de producción es conocer la estructura interna de la sociedad en donde funciona.
CONCEPTO DE MODO DE PRODUCCIÓN
El modo de producción es una forma de producir que, a la vez, cumple determinadas funciones. Producir implica, sin embargo, desarrollar actividades que no se realizan por sí solas sino exigen el concierto de voluntades o, si se quiere, establecimiento de relaciones sociales que permitan la realización de ese proceso. Pero a la vez crea formas de vivir, formas de cómo comportarse con los demás. No por otro motivo se ha insistido majaderamente que el modo de producción no es solamente una forma de producir sino, además, un modo de vida, una manera de vivir. Por lo demás, tal es la definición que Marx le dio.
Para Eduardo Fioravanti, por el contrario, el concepto de modo de producción es un poco más complejo. Por eso señala, al respecto que “Un modo de producción es una combinación específica de diversas estructuras y prácticas que, en su combinación, aparecen como tantas instancia o niveles, es decir, como tantas estructuras regionales con una autonomía y dinámica propias ligadas en una unidad dialéctica”.
ELEMENTOS DEL MODO DE PRODUCCIÓN
Los elementos del modo de producción (MP) se encuentran contenidos en una de las obras inconclusas del filósofo alemán; más exactamente, en una ‘introducción no terminada’ suya cuyas partes principales señalan que “[…] en la producción social de su existencia, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.”.
De acuerdo a lo expresado en el párrafo transcrito, hay dos elementos que parecen formar parte de la esencia misma del modo de producción. Ellos son: las fuerzas productivas materiales y las relaciones de producción que contraen los seres humanos con motivo de la producción.
Podemos, en consecuencia, construir una expresión que pueda compendiar lo que se encuentra contenido en el párrafo transcrito y a la vez afirmar con certeza que el modo de producción (MP) es un conjunto formado por las fuerzas productivas (Fp) y las relaciones de producción (Rp), por lo que la referida fórmula podría ser MP: (Fp, Rp). Pero esta relación es solamente el comienzo porque hay algo más. Pero, antes, menester es conceptualizar lo que son las fuerzas productivas y las relaciones de producción.
FUERZAS PRODUCTIVAS Y RELACIONES DE PRODUCCIÓN
Las fuerzas productivas (Fp) constituyen un nuevo conjunto. Y es notable que así sea. Karl Marx no conoció la teoría de los conjuntos y sin embargo, la aplicó magistralmente para elaborar su tesis. Así, las fuerzas productivas comprenden todos los bienes materiales e intelectuales necesarios para realizar la producción. Entre aquellos podemos señalar, simplemente, por vía ejemplificativa, el taller donde se realiza la producción, la técnica empleada (tecnología), la energía, los materiales que se van a emplear, la bodega donde se van a almacenar los productos, los instrumentos de trabajo que se van a emplear, la maquinaria que se va a utilizar, etc. Estamos ante un conjunto extremadamente variado que se va alterando con el transcurso de las épocas, pero que no deja de estar presente.
Las fuerzas productivas tienen aún dos cualidades más: están, constantemente, en desarrollo; y son expresión de la creatividad humana. Por eso están permanentemente alejándose de las relaciones de producción que, a su vez ―y para mantener su correspondencia con aquellas―, deben estar ajustándose a ese desarrollo.
Las relaciones de producción (Rp) son los vínculos que se establecen entre los seres humanos con motivo de la producción. Son fundamentalmente relaciones de propiedad y, en consecuencia, también de dependencia. Algunos tratadistas señalan que pueden dividirse en técnicas y sociales según se establezcan o no interacciones y nexos entre los instrumentos de trabajo y quienes los emplean; no vamos a ahondar en esos tópicos. Diremos solamente que este concepto es fundamental pues establece la forma de separar a los seres humanos, según tengan o no propiedad sobre los medios que permiten la producción. Gracias a este instrumento, no solamente establecemos las diferentes clases sociales que existen en determinada formación social sino, además, podemos hacerlo respecto de los distintos modos de producción según las épocas y regiones en donde operan.
CORRESPONDENCIA ENTRE LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN Y LAS FUERZAS PRODUCTIVAS
Las relaciones de producción y las fuerzas productivas son dos elementos que marchan, normalmente, en correspondencia el uno con el otro, afirmación que se desprende del contenido de la primera parte del texto ya citado según el cual “[…] en la producción social de su existencia, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales”.
Esta correspondencia ha de mantenerse. De lo contrario, “Al llegar a una fase determinada de desarrollo de las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas, y se abre así una época de revolución social”.
Esta mecánica se puede graficar de una manera bastante didáctica: imaginemos que las relaciones de producción son un canal (o un tubo) por donde pasan las fuerzas productivas, como podría hacerlo una corriente de agua. Como las fuerzas productivas están en incesante crecimiento, las relaciones de producción (el tubo o el canal) no pueden ya contenerlas. Las relaciones de producción deben, así, aumentar su capacidad de tolerancia; de no ocurrir aquello, se produce, entonces, una explosión (en el ejemplo, una inundación). Es la época de la revolución social.
LA HERENCIA DE LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN
Las relaciones de producción no solamente constituyen uno de los elementos primordiales del modo de producción; son además los elementos primordiales para dar origen a una nueva arquitectura del modo de producción pues crean la base económica de la sociedad sobre la cual se va a levantar una institucionalidad jurídico/política y las formas culturales ―creadas por la clase que sustenta el poder― que van a determinar las ideas de quienes viven allí. Por eso, Karl Marx señala, al respecto: “El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que eleva un edificio jurídico y político (Uberbau) y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social”.
En efecto, la manera de elaborar aquello que se requiere para la conservación de la sociedad se hace parte de la misma, constituye su forma de ser. Entonces, considerada por la sociedad como algo propio, crea ésta, por lo mismo, formas de defensa, estructuras protectoras de lo que se ha creado, que son reglas, normas conocidas de todos, maneras de comportarse unos con otros establecidas en documentos códices o acuerdos tácitos que todos respetan porque constituyen parte de la forma de ser de ellos. Se origina, de esa manera, un espacio que exige la fijación de reglas que rijan el comportamiento de los ciudadanos tanto en sus relaciones personales como con la forma de organización que se han dado y que, por lo mismo, pasa a denominarse, ‘región jurídico/política’.
Pero la forma de producir no ha creado solamente la necesidad de establecer normas que regulen las reacciones de los individuos entre sí y con la dirección de esa organización social, sino, además, crea formas de comportarse, de entender la vida, de desarrollar otras aptitudes, complementarias de la producción y que permitan el desarrollo espiritual de los habitantes de la región. Nace, entonces, la cultura, como expresión manifiesta de la región ideológica del modo de producción.
ARQUITECTURA DEL MODO DE PRODUCCIÓN
De esa manera, el modo de producción deja de ser un conjunto de dos elementos que interaccionan entre sí; adquiere, por el contrario, una fisonomía especial, una arquitectura que muestra partes o, si se quiere, regiones: una de estas constituye la base sobre la cual se levantan las otras dos. Conozcámoslas:
1. En primer lugar, la región económica, que es la forma de producir y, a la vez, la base, el fundamento sobre el que se van a levantar las otras regiones;
2. En segundo lugar, la región jurídico/política, que es el espacio donde se regulan las relaciones de las personas entre sí y con el aparataje estatal; y,
3. En tercer lugar, la región ideológica o cultural, lugar en donde los individuos adquieren determinado carácter social que los hace distintos a los de otras formaciones sociales.
Tanto la región jurídico/política como la ideológica se originan en la forma de producir que les sirve de base o fundamento; son, por ello, consecuencia o derivado de aquella. Por eso se las denomina ‘superestructuras’, reservándose el de ‘estructura’ al basamento económico sobre el cual se levantan.
Tenemos, así, configurada la arquitectura de un modo de producción y, consecuentemente, la estructura íntima de toda sociedad en donde funciona tal modo; tenemos, por consiguiente, en nuestras manos, el esqueleto que sostiene a esa sociedad y al cual se adhieren, como la carne al cuerpo, las diversas instituciones y asociaciones que vemos funcionar a diario.
EL MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA
Tenemos descrita, de esta manera, y a grandes rasgos, la arquitectura del modo de producción; pero no así la específica del modo de producción capitalista, una de las tantas formas que puede adoptar aquel. Es en tal tarea donde no solamente podemos descubrir cuáles son sus rasgos sino, además, escoger aquellos que le dan el carácter de tal, es decir, los que se presentan como sus elementos esenciales. Porque si queremos cambiarlo ―o lo que es igual, hacer que derive a otro diferente― son éstos los que han de alterarse. Y del mismo modo, examinar las vías más expeditas para realizar tal propósito.
El estudio de la base económica de la sociedad es, pues, crucial para esos efectos: la rotación del capital nos lleva a determinar la tipología de los sectores dominantes y, por ende, la de los sectores dominados. De la misma manera, nos ayuda a determinar el sector hegemónico de la dominancia y la importancia que ha ido adquiriendo el rubro ‘servicios’, especialmente, para el actual hegemón bajo la égida de Donald Trump. Volveremos, más adelante, si nos es posible, sobre estos tópicos, aun cuando resulten un tanto áridos.
Notas
Véase nuestro trabajo ‘Génesis’, de julio de 2025, disponible en INTERNET.
Murialdo, Hugo: “Aproximaciones al método de la Crítica de la Economía Política”, ‘El Clarín’, 12 de agosto de 2025. Citado por el autor.
Fioravanti, Eduardo: “El concepto de modo de producción”, Ediciones Península, Barcelona, 1972, pág.19.
Murialdo, Hugo: “Aproximaciones al método de la Crítica de la Economía Política”, ‘El Clarín’, 12 de agosto de 2025.
Marx, Karl: “Introducción General a la Crítica a la Economía Política 1857”, Ediciones Pasado y Presente. Córdova, 1969, pág.69.
Marx, Karl: “Prologo a la contribución a la Crítica de la Economía Política, digitalizada por Flacsoandes, 2001. Disponible en INTERNET.
Esta descripción se la debo a mi buen amigo Carlos Lagos, quien tuvo la oportunidad de exponerla en una de las tantas clases que dictó a un grupo de inquietas personas entre las que me encontraba.
Marx, Karl: “Introducción General a la Crítica a la Economía Política 1857”, Ediciones Pasado y Presente. Córdova, 1969, pág.69.
El estudio minucioso de este modo de producción fue hecho por Karl Marx, en ‘El Capital’, obra en donde pueden encontrarse aquellos rasgos pormenorizados.
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